Cuando la actualidad se vuelve un peso que la conciencia ya no puede sostener
03 marzo 2026
- Vivimos un tiempo extraño, casi irreal. Las guerras internacionales (la de Irán, que ha desplazado de los titulares a la de Ucrania), se han convertido en un ruido de fondo que se cuela en nuestras entrañas morales. No hace falta estar en el frente para sentir el impacto: basta con que abran el Telediario y nos bombardeen con imágenes de destrucción, discursos inflamados y una política nacional cada vez más bipolarizada. Uno siente que la mente se encoge, que el ánimo se apaga, que la esperanza se vuelve frágil.
- Los expertos en politología llevan años advirtiendo que la sobreexposición a conflictos globales erosiona la percepción de estabilidad interna. El politólogo Ivan Krastev lo resume así: “Cuando el mundo parece arder, los ciudadanos dejan de creer que su propio país puede ofrecerles seguridad moral o política”. Y la psicología no se queda atrás. La psicóloga clínica Patricia Ramírez recuerda que la guerra, incluso vista desde la distancia, activa en nosotros emociones primarias: “Ansiedad, ira, tristeza e impotencia son respuestas naturales ante la injusticia y la barbarie” . No es debilidad: es humanidad.
- También sabemos, por informes de organizaciones internacionales, que los conflictos prolongados dejan secuelas profundas en la salud mental de poblaciones enteras, especialmente mujeres y niños, que sufren traumas, ansiedad y depresión en tasas alarmantes . Aunque estemos lejos, nuestra empatía nos conecta con ese dolor, y esa conexión emocional tiene un coste.
- Y en medio de este panorama surgen preguntas incómodas, necesarias. ¿Se aprovechan los gobiernos europeos de la atención mediática sobre las guerras internacionales para evitar que se aireen sus propios trapos sucios? No sería la primera vez que un conflicto externo sirve como cortina de humo para tensiones internas. La historia está llena de ejemplos. No se trata de caer en conspiraciones, sino de recordar que la política siempre ha sabido usar el foco mediático como herramienta.
- ¿A quién favorece la guerra de Irán? ¿Y la de Ucrania? Las guerras nunca son neutrales. En Ucrania, el conflicto ha devastado la salud mental de la población, con jóvenes y mayores enfrentándose a traumas profundos y duraderos . En Irán, la lucha interna por los derechos y libertades se mezcla con intereses geopolíticos que van mucho más allá de sus fronteras. Y surge otra pregunta delicada: ¿son solo las mujeres quienes desean la caída de los ayatolás? No. Aunque ellas lideran el movimiento por razones obvias —son las más oprimidas—, también muchos hombres jóvenes, cansados de un sistema que limita su futuro, apoyan un cambio profundo. Pero es cierto que parte de la población masculina teme perder privilegios en un eventual régimen democrático. El patriarcado, cuando se tambalea, siempre genera resistencias.
- Conclusión: estamos emocionalmente agotados porque vivimos en un mundo que no nos da tregua. Pero también porque seguimos sintiendo, seguimos empatizando, seguimos indignándonos. Y eso, aunque duela, es una buena señal: significa que no nos hemos deshumanizado. Quizá la clave esté en aprender a proteger nuestra salud mental sin renunciar a nuestra conciencia moral. En seguir informados, pero no intoxicados. En recordar que, incluso en tiempos oscuros, la serenidad es un acto de resistencia.






