Cuando la tecnología escucha y la sanidad no alcanza
07 febrero 2026
Introducción
- Cada vez más personas con problemas de salud están recurriendo a la inteligencia artificial para obtener explicaciones, informes y respuestas sobre sus síntomas. No lo hacen por capricho ni por moda, sino porque sienten que la IA les ofrece algo que echan de menos en la consulta médica: tiempo, atención y una sensación de ser escuchados. Las respuestas generadas por estos sistemas suelen ser amables, extensas, estructuradas y, a ojos del paciente, “científicas”. Y aunque no sustituyen a un profesional sanitario, muchos usuarios perciben que, al menos, alguien les dedica unos minutos sin prisas.
- Detrás de este fenómeno hay un malestar creciente. Muchos pacientes sienten que la medicina pública y privada ha perdido uno de sus principios esenciales: escuchar. La escucha era, durante siglos, el primer tratamiento. Hoy, en cambio, la consulta de Atención Primaria se ha convertido en un espacio acelerado, donde el profesional apenas dispone de unos minutos para atender, diagnosticar, rellenar formularios, justificar pruebas y gestionar burocracia. En ese contexto, el paciente sale con la sensación de que su historia no ha sido realmente atendida.
- A partir de ahí, la desconfianza crece. Y cuando la confianza se erosiona, aparece el riesgo: la automedicación, la búsqueda compulsiva de información y la dependencia de respuestas generadas por sistemas que, aunque útiles para orientar, no pueden evaluar físicamente ni diagnosticar.
- Pero ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Es solo una percepción o hay causas estructurales detrás?
¿Están los médicos comprometidos con la formación continua?
- En general, sí. La mayoría de los profesionales sanitarios participan en cursos, congresos y actualizaciones. La medicina es una disciplina que cambia rápido y la formación continua es parte de su responsabilidad. El problema no suele ser la falta de compromiso, sino la falta de tiempo y recursos para formarse dentro de jornadas laborales ya saturadas.
¿Atienden mal porque no tienen tiempo suficiente?
- La falta de tiempo es uno de los factores más repetidos por los propios médicos. Consultas de cinco o siete minutos, agendas imposibles, presión asistencial, burocracia creciente y plantillas insuficientes hacen que la atención se vuelva mecánica. No es desinterés, es agotamiento estructural.
¿Hay un déficit de médicos en España?
- Sí, y no es nuevo. España forma buenos profesionales, pero muchos se marchan a otros países donde las condiciones laborales y salariales son más atractivas. Esto deja huecos difíciles de cubrir, especialmente en Atención Primaria y en zonas rurales. No es solo un problema de salarios, sino de estabilidad, carga de trabajo y reconocimiento.
¿España es un país pobre que ya no puede sostener su Estado del bienestar?
- España no es un país pobre, pero sí arrastra desequilibrios presupuestarios, decisiones políticas discutibles y una estructura sanitaria que necesita reformas profundas. El Estado del bienestar no desaparece de un día para otro, pero puede deteriorarse si no se cuida. Y la sanidad es uno de sus pilares más sensibles.
¿Es culpa de los políticos y su gestión del presupuesto?
- La gestión política influye, sin duda. La sanidad requiere planificación a largo plazo, inversión estable y decisiones que no dependan del ciclo electoral. Cuando los recursos se reparten sin visión estratégica, cuando se prioriza la inmediatez sobre la estructura, el sistema se resiente. Y los primeros en notarlo son los pacientes.
Conclusión
- La creciente confianza en la IA no es un capricho tecnológico, sino un síntoma social. La gente busca ser escuchada, comprendida y acompañada. Si la consulta médica no puede ofrecer ese espacio, otros lo ocuparán, aunque no deban. La solución no pasa por demonizar la IA ni por culpar a los pacientes, sino por fortalecer un sistema sanitario que vuelva a poner la escucha en el centro. Porque la tecnología puede informar, pero solo un profesional humano puede cuidar.






