Salud, Clima, Remedios, Soluciones y Ocurrencias
Resistiremos
14 abril 2026
¡¡¡Qué desastre!!!
12 abril 2026
Entre el vértigo del avance y la lentitud del sistema sanitario
Reflexiones sobre salud, prevención y la necesidad urgente de exigir políticas que estén a la altura de la ciencia
12 abril 2026
- Hay días en que notas que ya empieza a importarte poco si las guerras de aquí y/o allá tienen un final, una evolución o un no sé qué.
- Ves con cierta preocupación que no tienes grandes aficiones a las que dedicar tu largo día –salvo escribir por y para todo– pero descubres que una de ellas te interesa cada vez más, sí, y esa no es otra que meterte en Internet a estudiar, fisgar y hacer resúmenes sobre las distintas enfermedades que van minando tu actividad, tus movimientos y todas tus patologías, incluso las que no sufres.
- Pero, hoy, en esta mi otra pagina bloguera actual activa que dedico a asuntos de salud y clima, quiero dedicarle un rato al remedio.
- Leo decenas de artículos de expertos en salud, clínicas de prestigio de ámbito mundial y otras de muy expertas y reconocidas fuentes en la materia, en las que veo que el éxito la investigación sobre el mundo de las muy diversas enfermedades avanza a un ritmo vertiginoso, mientras que la praxis cercana del mundo de la Salud, tanto Pública como Privada, lleva otro ritmo. Igual puedes leer una noticia como esta de La Vanguardia "Los cambios biológicos aparecen doce años antes del diagnóstico de parkinson", como puedes leer en tu buscador-e o en el teléfono de citas médicas para cualquier especialista (de la Privada o la Pública), que nunca hay cita más cercana que entre dos y seis meses para cualquier especialidad.
- De que sirve, pues, cuidar de tu salud si no tienes en tu País una política sanitaria de PREVENCIÓN de ENFERMEDADES.
- Un inevitable lamento: ¿Hacia dónde vamos?
- Pues bien, pese a todo, sigo pensando que no estamos condenados a resignarnos. La ciencia avanza, la ciudadanía se informa, y cada vez somos más quienes entendemos que la salud —la nuestra y la del planeta— no puede esperar a que otros marquen el paso. Nos queda mucho por reclamar a quienes diseñan las políticas públicas, mucho por exigir en prevención, en acceso y en coherencia. Pero también queda mucho por hacer desde lo cotidiano: cuidarnos, informarnos, acompañarnos y no perder de vista que cada pequeño gesto suma. Quizá ahí esté la esperanza real, en no dejar de empujar para que lo posible termine convirtiéndose en lo necesario.
10 abril 2026
Cuando el día decide sorprenderte
08 abril 2026
Alimentación en la era de la desinformación: vitamina D, grasas animales, aceites vegetales y otros ruidos digitales
Cómo distinguir el conocimiento real del ruido digital en tiempos de confusión alimentaria
08 abril 2026
- Vivimos rodeados de mensajes nutricionales que se repiten con fuerza en redes sociales, podcasts, canales de salud “alternativa” y vídeos virales. Muchos de ellos se presentan como revelaciones científicas… pero rara vez lo son. Hoy quiero detenerme en tres grandes temas que generan confusión: la vitamina D y la supuesta necesidad de combinarla con K2, el retorno de la grasa animal como “superalimento”, y la demonización de los aceites vegetales. Y, por supuesto, preguntarnos: ¿qué dice realmente la ciencia?
1) Vitamina D y vitamina K2: ¿mito o necesidad real?
En redes se repite que “la vitamina D no sirve sin K2”. La idea suena convincente: la vitamina D ayuda a absorber calcio, y la K2 “lo dirige” hacia los huesos. Pero la evidencia científica no respalda que la población general necesite suplementar ambas juntas.
Lo que sí sabemos
La vitamina D es esencial para la salud ósea, inmunitaria y metabólica.
La K2 participa en la activación de proteínas que regulan el calcio.
No existe evidencia sólida de que suplementar K2 mejore los efectos de la vitamina D en personas sanas.
Las guías clínicas no recomiendan añadir K2 de forma rutinaria a la suplementación con vitamina D.
La vitamina K2 puede ser útil en casos muy concretos (osteoporosis, tratamientos específicos), pero no es una recomendación universal.
En resumen: si tu médico te receta vitamina D, no necesitas añadir K2 por tu cuenta. Y mucho menos por lo que diga un influencer.
2) Grasa animal: ¿por qué algunos la defienden ahora?
Durante décadas se nos dijo que la grasa animal era peligrosa. Hoy algunos divulgadores aseguran lo contrario: que es “natural”, “ancestral” y “saludable”. ¿Qué está pasando?
La realidad es más matizada
La grasa animal contiene grasas saturadas, cuyo exceso se asocia a mayor riesgo cardiovascular.
Sin embargo, no todas las grasas saturadas actúan igual, y el contexto dietético importa.
La ciencia actual no demoniza la grasa animal, pero tampoco la convierte en un superalimento.
- El consenso sigue siendo claro:más vegetales, más fibra, más grasas insaturadas; menos grasas saturadas y procesadas.
¿Por qué algunos la defienden?
Reacción cultural contra décadas de mensajes simplistas.
Influencia de dietas “low-carb” o “carnívoras”.
Narrativas de “volver a lo natural” que funcionan muy bien en redes.
Pero una cosa es matizar y otra convertir la grasa animal en un tótem nutricional. La evidencia no va por ahí.
3) Aceites vegetales: ¿por qué se han convertido en el enemigo?
En redes se acusa a los aceites vegetales (girasol, maíz, soja) de ser “tóxicos”, “inflamatorios” o “veneno moderno”. Esta campaña es especialmente intensa en EE. UU., pero se ha globalizado.
Qué dice la ciencia
Los aceites vegetales son ricos en grasas poliinsaturadas, beneficiosas para la salud cardiovascular.
No hay evidencia de que sean inflamatorios en humanos.
El problema aparece cuando se recalientan repetidamente o se usan en frituras industriales.
El aceite de oliva virgen extra sigue siendo la opción más saludable, pero eso no convierte a los demás en dañinos.
Entonces, ¿por qué esta demonización?
Influencia de movimientos “pro-grasa animal”.
Narrativas conspirativas sobre la industria alimentaria.
Simplificaciones virales que funcionan muy bien en TikTok e Instagram.
4) ¿Hay intereses detrás de estas narrativas?
Sí, y no siempre son los que pensamos.
Intereses que alimentan la desinformación
Industria de suplementos: vender vitamina K2, omega‑3 “limpios”, multivitamínicos “ancestrales”.
Influencers y creadores de contenido: cuanto más polémico, más visitas.
Marcas de dietas extremas: carnivorismo, keto radical, “ancestral health”.
Industria cárnica o de productos “naturales”: reposicionamiento de imagen.
La desinformación no es casual: es rentable.
5) ¿Qué dicen la ciencia y los expertos?
Aquí está el punto clave: la ciencia es menos espectacular que las redes, pero mucho más fiable.
Consensos actuales
La vitamina D es útil cuando hay déficit; no requiere K2 de forma generalizada.
La grasa animal puede formar parte de una dieta equilibrada, pero no debe ser la base.
Los aceites vegetales no son tóxicos; el aceite de oliva sigue siendo la mejor opción.
La salud depende del conjunto de la dieta, no de demonizar o glorificar un solo nutriente.
La ciencia avanza, pero no cambia de opinión cada semana como las redes.
6) Conclusiones: cómo orientarse en medio del ruido
Desconfía de los mensajes absolutos: “esto es veneno”, “esto es milagroso”.
Consulta fuentes fiables: médicos, nutricionistas, organismos de salud.
Recuerda que la nutrición es compleja: no cabe en un vídeo de 30 segundos.
La moderación sigue siendo la mejor guía.
Y, sobre todo, no tomes suplementos sin indicación médica.
La geografía digital está llena de voces que compiten por nuestra atención. Pero la salud exige calma, criterio y una mirada crítica. Entre tanto ruido, la ciencia sigue siendo el faro más estable.
06 abril 2026
RFL: La enfermedad invisible que desespera a quienes la sufren
Cuando la Sanidad no ve lo que el paciente siente cada día
06 abril 2026
Hablar del Reflujo Faringolaríngeo (RFL) es hablar de una patología tan frecuente como infradiagnosticada. Una enfermedad que no mata, pero destruye la calidad de vida, y cuyo diagnóstico suele convertirse en un vía crucis clínico: visitas al médico de familia que no avanzan, especialistas que no se ponen de acuerdo, pruebas que tardan meses y un paciente que, mientras tanto, vive atrapado en un malestar constante.
¿Por qué es tan difícil diagnosticar el RFL?
El Consenso ReFaL, publicado en Acta Otorrinolaringológica Española, lo deja claro:
“El RFL representa un desafío diagnóstico y terapéutico debido a la inespecificidad de sus manifestaciones clínicas y la ausencia de biomarcadores objetivos.”
Es decir:
No existe una prueba única y definitiva.
Los síntomas se confunden con alergias, ansiedad, faringitis crónicas o problemas digestivos inespecíficos.
Muchos médicos de Atención Primaria no están formados para reconocerlo.
Y los especialistas (ORL y Digestivo) no siempre hablan el mismo idioma clínico.
El propio consenso español reconoce que incluso entre expertos existe discrepancia en criterios diagnósticos, métodos y abordajes.
El papel del médico de familia: buena voluntad, pocas herramientas
No es culpa del MAP. Es culpa del sistema.
El RFL no forma parte de los diagnósticos habituales en Atención Primaria, y sus síntomas —tos crónica, carraspera, sensación de cuerpo extraño, disfonía, ardor atípico— se solapan con decenas de patologías más comunes.
Sin pruebas específicas disponibles en el centro de salud, el MAP solo puede:
Probar tratamientos empíricos.
Derivar al ORL o al Digestivo.
O, en el peor de los casos, atribuir los síntomas a estrés o ansiedad.
El camino del paciente: un maratón cruel
Quien sufre RFL conoce bien este recorrido:
1. Derivación al ORL
2. Derivación al Digestivo
Para algunos digestivos, el RFL es “una variante del reflujo gastroesofágico”.
Para otros, “no existe evidencia suficiente”.
Para otros, “no es su campo”.
3. Pruebas diagnósticas
La papilla con contraste (RX) o la fibroscopia tampoco siempre se solicitan, y cuando se piden, los plazos pueden superar los 3–6 meses en muchas comunidades.
4. Diagnóstico final
¿Cuántos casos hay? ¿Por qué tanta confusión?
La literatura científica reconoce que las cifras son muy variables, pero coincide en que el RFL es altamente prevalente.
“Las estimaciones del número de casos son muy variables según las series, pero parece ser una patología prevalente en la población.”
La variabilidad en cifras refleja la falta de criterios diagnósticos unificados, justo lo que el Consenso ReFaL intenta corregir.
🇪🇸 ¿Qué pasa con la Sanidad en España?
Retrasos estructurales en las derivaciones.
Falta de coordinación entre especialidades.
Escasez de pruebas avanzadas en muchos hospitales.
Desigualdad territorial: no es lo mismo vivir en Murcia, Madrid o Galicia.
Sobrecarga asistencial que obliga a los médicos a ir “apagando fuegos”.
¿Y qué siente el paciente?
¿Hay esperanza? Sí. Y está empezando a tomar forma.
El Consenso ReFaL es un paso enorme:
Reúne a ORL y Digestivo de toda España.
Unifica criterios.
Define síntomas, pruebas y tratamientos.
Y reconoce las limitaciones actuales del sistema.
Es un documento que, si se aplica, puede cambiar radicalmente la experiencia del paciente.
Cierre
El RFL no mata, pero te roba la voz, el sueño, la tranquilidad y la vida social.Y lo hace en silencio, escondido entre diagnósticos confusos y listas de espera interminables.España necesita una sanidad que no solo cure, sino que escuche.Que no solo trate, sino que acompañe.Porque detrás de cada caso de RFL hay una persona que lleva meses —o años— esperando algo tan simple como una respuesta.
El Consenso ReFaL (o a veces referido erróneamente como Rafal) es el "Consenso multidisciplinar español para el diagnóstico y manejo del reflujo faringolaríngeo (RFL)". Se trata de un documento científico de consenso, publicado recientemente, que busca unificar los criterios entre otorrinolaringólogos (ORL) y gastroenterólogos (digestivos) en España para abordar esta patología.
04 abril 2026
¡¡¡ALARMA!!! - Sanidad en España: cuando la espera se convierte en una forma de sufrimiento
La preocupación por la salud se ha convertido en una inquietud central para millones de ciudadanos
04 abril 2026
A día de hoy, las preocupaciones de salud de los españoles están marcadas por tres grandes frentes: la salud mental, el acceso a la atención primaria y el impacto creciente de las enfermedades crónicas. Según los datos más recientes, la percepción de la sanidad ha escalado hasta convertirse en una de las principales inquietudes personales. Y no es casualidad: lo que antes era un sistema robusto y previsible, hoy se vive como un terreno incierto.
Lo digo desde la experiencia directa. La atención sanitaria —y no hablo solo de la pública— ha sufrido una bajada notable. Las citas con especialistas se disparan, las urgencias se saturan porque muchos pacientes no pueden esperar meses, a veces años, para ser atendidos. Tratamientos que deberían ser urgentes se demoran sin explicación. Y lo que se llama “ayuda a la dependencia”, destinada precisamente a quienes más lo necesitan, llega tarde… tan tarde que algunos solicitantes ya no están para recibirla.
Los políticos no hablan de esto. O no quieren hablar. Mientras tanto, mayores y no tan mayores se sienten desatendidos, invisibles, fuera del radar de quienes deberían protegerlos. Y surge una pregunta incómoda: ¿puede esta situación derivar en un conflicto social si la frustración sigue creciendo y algunos radicales deciden aprovecharla?
No es una exageración. La cohesión social se resiente cuando un sistema sanitario deja de responder. La sensación de abandono es un caldo de cultivo para discursos extremos. No se trata de sembrar alarmismo, sino de reconocer que la salud es uno de los pilares emocionales de un país. Cuando ese pilar falla, todo se tambalea.
¿Cómo está España respecto a los países de su entorno?
Aunque España sigue apareciendo en rankings internacionales como un sistema sanitario bien valorado, esa imagen se basa en indicadores previos a la pandemia y en resultados de salud poblacional, no en tiempos de espera. La realidad actual es otra.
España tiene menos profesionales sanitarios por habitante que la media europea.
El sector salud representa el 9,2% del empleo, frente al 11% europeo.
La atención primaria, tradicionalmente fuerte, ha perdido capacidad de respuesta.
Las listas de espera para especialistas y cirugías están entre las más largas de Europa occidental.
La demanda ha aumentado, pero la estructura no ha crecido al mismo ritmo.
En resumen: España no está sola en esta crisis, pero sí está peor preparada que otros países para absorber el aumento de necesidades sanitarias.
¿Qué está pasando realmente?
Envejecimiento simultáneo de la población y del personal sanitario.
Falta de planificación a largo plazo.
Sobrecarga postpandemia.
Procesos administrativos lentos y poco adaptados a la realidad actual.
Atención primaria debilitada.
Dependencia desbordada y sin recursos suficientes.
Todo esto se traduce en algo muy simple y muy duro: esperar se ha convertido en una forma de sufrimiento. Y cuando hablamos de oncología, cardiología, neurología o dependencia, esperar no es un trámite: es un riesgo.
Conclusión
Y porque, si no se actúa, la fractura social no será una hipótesis: será una consecuencia.
02 abril 2026
Jueves Santo: el recogimiento que nos sostiene
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