23 febrero 2026

La feliz cuarta edad ante un mundo que cambia demasiado rápido

La dignidad de envejecer en un tiempo que no siempre acompaña


Imagen de Grok

23 febrero 2026

- Vivimos en un siglo XXI que avanza a una velocidad que a veces deja fuera a quienes más merecen estar dentro: las personas mayores de 75, 80 o más años, esa llamada cuarta edad que crece año tras año. Según los datos del INE, la población de 80 y más años es uno de los grupos que más aumenta en España, con un crecimiento sostenido en las últimas décadas . Y no solo crece: también vive más tiempo en hogares unipersonales, lo que incrementa la vulnerabilidad ante un entorno cada vez más digitalizado.

Punto y aparte.

- La informatización de la banca, la digitalización de la sanidad, la desaparición del dinero físico y la obligación de usar tarjetas o pagos electrónicos son avances que, para muchos, se sienten como un muro. No porque no puedan aprender, sino porque nadie les explicó con paciencia, porque los cambios se impusieron sin preguntarles, porque la tecnología olvidó que ellos también forman parte del presente.


Punto y aparte.

¿Hay datos oficiales sobre esta realidad? El INE ofrece estadísticas detalladas por grupos de edad que muestran el peso creciente de los mayores de 80 años en la población española. Y aunque el CIS no publica estudios específicos sobre “cuarta edad digital”, sí existen investigaciones sociológicas que analizan su situación, como el reciente estudio sobre tercera y cuarta edad desde la perspectiva de los hogares, que confirma el aumento de personas mayores viviendo solas y la necesidad de políticas de acompañamiento .

¿Quién les ayuda? ¿Existen recursos públicos?

Sí, aunque a menudo son insuficientes o poco conocidos.
Muchos ayuntamientos y comunidades autónomas ofrecen talleres de alfabetización digital, cursos de uso del móvil, acompañamiento para trámites electrónicos y programas de voluntariado intergeneracional. Pero la realidad es desigual: depende del municipio, del presupuesto y de la voluntad política. Y sobre todo, falta una estrategia nacional que reconozca que la brecha digital no es un capricho, sino una forma de exclusión.

Punto y aparte.

¿Se les maltrata?
A veces sí, aunque no siempre de forma visible. El maltrato puede ser también institucional: obligar a pedir cita previa online, cerrar ventanillas físicas, sustituir personas por máquinas, negar atención si no se domina una aplicación. La soledad digital es una forma moderna de abandono.


Un mensaje para ellos… y para todos nosotros

A quienes viven esta etapa luminosa de la vida:
No estáis solos. No sois “torpes”. No llegáis tarde a nada. La tecnología no es un examen, y aprender no es una obligación, sino un derecho. Cada pequeño avance —enviar un mensaje, pedir una cita, usar una tarjeta— es una victoria personal. Y cada día trae la oportunidad de seguir creciendo.


Punto y aparte.

A las administraciones:
No basta con digitalizar. Hay que acompañar. Hay que mantener ventanillas humanas, crear programas estables de formación, ofrecer asistencia presencial sin humillar, y recordar que la dignidad no se tramita con un código QR.


Punto y aparte.

A la sociedad:
La cuarta edad no es un estorbo: es memoria, es experiencia, es raíz. Acompañarles no es un gesto de caridad, sino un acto de justicia.


Propuesta y resumen final

  1. Reconocer oficialmente la brecha digital de la cuarta edad como un problema social.

  2. Mantener siempre alternativas presenciales en banca, sanidad y administración.

  3. Crear programas municipales estables de alfabetización digital adaptados a ritmos reales.

  4. Impulsar redes de acompañamiento intergeneracional.

  5. Comunicar con respeto: no infantilizar, no culpabilizar, no excluir.


Punto y aparte.

La cuarta edad del siglo XXI no es una edad triste: es una edad que reclama su lugar. Y acompañarla es una forma de construir un país más humano.

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