27 marzo 2026

Avisos del cuerpo y otras llamadas a capítulo

Sobre esos pequeños excesos que creemos inocentes… hasta que el cuerpo nos recuerda que ya no estamos para heroicidades

Imagen obtenida con la ayuda de Grok


27 marzo 2026

- Sucede que cuando eres mayor o muy mayor empiezas a creer que tomar medidas contra la ingesta de algunas comidas, bebidas y esfuerzos impropios de ese desgaste que nos produce el calendario propio, es algo que se concluye con un “para lo que me queda de estar en el convento…”. Y con ello damos por agotadas nuestras reflexiones y/o dudas sobre el asunto y nos lanzamos a eso de… total, por una copita más o una cucharada más, no pasa nada.

El problema —y aquí viene el regañado suave, de los que no humillan pero sí despiertan— es que sí pasa. Pasa que el cuerpo, que durante décadas fue un cómplice fiel y discreto, empieza a ponerse serio. Y cuando uno se descuida, aparece un aviso: un subidón inesperado en los indicadores del hígado, un corazón que protesta, una degeneración muscular que no estaba en los planes, o cualquier otra señal de que la maquinaria ya no es la de antes. Avisos que no tumban la vida, pero sí tumban la arrogancia. Señales con luces de posición, no de emergencia, pero suficientes para recordarte que la biología no entiende de sobremesas largas ni de ese “mañana me porto mejor” que tanto repetimos los veteranos del calendario.

- Y entonces llegan ellos: los expertos. Esa hermandad de aguafiestas que, con una mezcla de ciencia, paciencia y un punto de resignación, te recuerdan lo que ya sabías pero no querías admitir. Que si menos sal, que si menos vino, que si menos salsas, que si más caminar, que si más agua. Y uno, que ha vivido lo suficiente como para desconfiar de los dogmas, piensa que exageran. Pero luego te ves en una camilla, escuchas palabras como “control”, “indicadores”, “seguimiento”, y entiendes que quizá, solo quizá, estos heraldos de la moderación tengan algo de razón.

- Porque los excesos pequeños —los de verdad, los cotidianos, los que parecen inofensivos— son como esas goteras silenciosas que no hacen ruido pero que, con el tiempo, te dejan el techo hecho un poema. Y uno no quiere que su cuerpo acabe siendo un poema triste, húmedo y con olor a moho. Preferimos los poemas luminosos, los que hablan de seguir, de estar, de acompañar.

- Así que, sin dramatismos y sin renunciar a los placeres que aún nos sostienen, quizá convenga recordar que la vida no se acaba por decir “hoy no toca” a una copa o a un plato demasiado generoso. Que la libertad también consiste en elegir bien, no solo en elegir mucho. Y que cuidarse un poco no es rendirse, sino prolongar la fiesta —aunque sea una fiesta más tranquila, más corta y con música más suave.

- Al final, se trata de encontrar ese límite razonable entre vivir con gusto y vivir con juicio. Y si el cuerpo nos manda un aviso, como el mío hace unos días, quizá lo sensato sea escucharlo sin enfadarse. Porque, puestos a elegir, prefiero un pequeño regaño a tiempo que una gran lección demasiado tarde, quizás los nuestros, los que nos quieren, nos lo agradezcan.

5 comentarios:

  1. Uy si encontrar el equilibrio es duro. Te mando un beso.

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  2. Voy a poner oreja porque hace una temporada que desoigo unos cuantos avisos. Cuando eres consciente de que ves venir achaques que antes te parecían de abuelos.... Hmmmmm, pon las barbas a remojar!!!! Saludos, compañero. Te lo dejo descafeinado?

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  3. Boa noite meu querido amigo Enrique. Obrigado pelos maravilhosos, conselhos. A velhice, chega para todos nós. Minha querida mãe, 83 anos em janeiro e conheço uma senhora, que fez 100 anos, no mês de março, pena que eu ainda, não consegui vê-la. Uma excelente noite de sábado e bom início de semana. Grande abraço do seu amigo brasileiro.

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