Un instante basta para que el cielo se abra donde menos lo esperas.
Imagen de internet
10 abril 2026
- Hoy hablaré aquí, de salud, de una salud que no se ve, pero que siempre está presente.
- Te levantas pensando que hoy va a ser un gran día. A veces cuesta creerlo, incluso cuando uno se empeña en ello, pero la vida tiene esa habilidad secreta de sorprenderte por caminos que no imaginabas. Hay días que, sin anunciarse, discurren por sendas de una gloria discreta, silenciosa, casi tímida… y solo más tarde descubres que te estaban regalando algo valioso.
- Nunca pedí tanto, ni nunca tanto merecí. Pero así son las buenas jornadas: llegan sin exigir nada y te devuelven más de lo que dabas por posible.
- Benditas vacaciones —esas que resucitan a cualquiera— aunque vengan acompañadas de alguna que otra batalla bronquial o de un exceso de metafísica quijotesca. Todo eso pasa. Lo que queda es la idea, la chispa, la certeza íntima de que incluso en los días más comunes puede asomarse un cielo inesperado.
- Y ese cielo, créeme, existe. A veces solo hay que detenerse un instante para verlo.
Qué placer seguir descubriéndolo.

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