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14 enero 2026
La evidencia reciente muestra que muchas mujeres con fibromialgia siguen enfrentando una mezcla de estigma, incredulidad y negligencia institucional, lo que constituye una forma de violencia silenciosa pero persistente. La sociedad tiende a minimizar su dolor, atribuirlo a factores emocionales y cuestionar su legitimidad, pese a que la fibromialgia afecta a más de un millón de personas en España (la mayoría mujeres), y está reconocida por la OMS desde 1992.
Por qué la sociedad es tan cruel con las mujeres que padecen fibromialgia
1. Estigma histórico y prejuicios de género
La fibromialgia ha sido tratada durante décadas con escepticismo, asociándola a “nervios”, “estrés” o “hipocondría”.
Estos prejuicios recaen especialmente sobre las mujeres, que representan entre el 80% y el 90% de los diagnósticos.
La sociedad tiende a desconfiar del dolor que no se “ve”, y más aún cuando lo expresa una mujer.
2. Violencia institucional
Falta de recursos, diagnósticos tardíos y profesionales que minimizan o dudan del sufrimiento de las pacientes.
Muchas mujeres deben justificar su dolor una y otra vez ante médicos, tribunales o servicios sociales.
Esta desatención sistemática constituye una forma de violencia estructural.
3. Impacto social y familiar
La enfermedad afecta la vida laboral, económica y emocional de las pacientes, generando dependencia y aislamiento.
La incomprensión en el entorno familiar o laboral puede agravar la carga emocional.
La sociedad castiga lo que no entiende: el dolor crónico invisible.
4. Asociación con trauma y abuso
Estudios recientes muestran que muchas mujeres con fibromialgia han vivido experiencias de abuso o maltrato, lo que añade capas de vulnerabilidad y estigma.
En lugar de recibir apoyo, a menudo se las responsabiliza de su propio sufrimiento.
¿Por qué esta crueldad es especialmente grave?
Porque niega la legitimidad del dolor, lo que aumenta el sufrimiento.
Porque impide diagnósticos y tratamientos adecuados.
Porque refuerza desigualdades de género ya existentes.
Porque silencia a quienes más necesitan ser escuchadas.
Hacia una sociedad más justa
Reconocer la fibromialgia como una enfermedad crónica real y discapacitante.
Formar a profesionales sanitarios y sociales para evitar el estigma.
Dar voz a las mujeres que la padecen.
Invertir en investigación y recursos públicos.
La lucha por la dignidad de las mujeres con fibromialgia es, en el fondo, una lucha por una sociedad más humana.






