Introducción
- Hoy me he encontrado con un artículo de Computer Hoy que pone el foco en algo tan cotidiano como sorprendente: el consumo eléctrico extra que generamos en Navidad sin darnos cuenta. Más allá de las cenas, los regalos y el ajetreo propio de estas fechas, hay pequeños gestos —casi automáticos— que pueden disparar la factura de la luz. Y lo interesante es que la mayoría tienen solución sencilla, sin renunciar al ambiente festivo ni a nuestras tradiciones.
Resumen del artículo
El texto señala que diciembre, además de celebraciones, trae consigo un aumento notable del consumo eléctrico, especialmente por tres frentes principales:
1. Las luces navideñas antiguas
Las guirnaldas incandescentes tradicionales consumen alrededor de 40 W por cadena.
Solo convierten en luz un 10 % de la energía; el resto se pierde en calor.
Sustituirlas por LED reduce el consumo hasta un 80 %, además de ser más seguras.
2. El uso intensivo del horno
El horno es uno de los electrodomésticos que más energía demanda.
Abrir la puerta durante la cocción provoca pérdidas de 25 a 50 grados, obligando al aparato a trabajar más.
Se recomienda aprovechar el calor residual apagándolo unos minutos antes y cocinar varios platos seguidos para no recalentar desde cero.
3. Calefacción y consumo fantasma
Con varias personas reunidas, la temperatura del salón sube de forma natural, por lo que conviene bajar el termostato.
Muchos dispositivos siguen consumiendo en modo stand-by.
Usar regletas con interruptor ayuda a cortar ese gasto invisible.
El artículo calcula que, aplicando estas medidas, se pueden ahorrar unos 50 euros en el mes de diciembre.
Reflexión personal
- Me gusta cuando un artículo aparentemente técnico nos recuerda algo tan humano: que la energía no solo se mide en kilovatios, sino también en hábitos, en atención y en cuidado. En Navidad solemos poner el foco en lo emocional y está bien, pero también es un buen momento para revisar cómo vivimos lo cotidiano.
- No se trata de apagar la magia, sino de encenderla con más conciencia. Cambiar unas luces, cerrar menos el horno, bajar un par de grados la calefacción… son gestos mínimos que, sumados, alivian el bolsillo y también el planeta. Y quizá ahí está la enseñanza más valiosa: que el espíritu navideño también puede expresarse en la forma en que cuidamos nuestro hogar y nuestro entorno.
Al final, ahorrar energía no es renunciar a nada, sino elegir mejor. Y en estas fechas, elegir mejor siempre es un regalo.
Artículo de referencia: https://tinyl.co/496O




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